Estas son las fábulas que trabajarán haciéndolas como audio para realizar nuestro Podcast
FÁBULAS DE ESOPO
1.- EL
ÁGUILA, LA LIEBRE Y EL ESCARABAJO
Estaba una liebre siendo perseguida por un águila,
y
viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo,
suplicándole que le ayudara.
Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su
amiga.
Pero el águila, despreciando la insignificancia del
escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo
observaba los lugares donde el águila ponía sus
huevos, y
haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el
águila
echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió
a Zeus
pidiéndole un lugar seguro para depositar sus
huevos.
Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el
escarabajo,
viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de
estiércol,
voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus.
Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella
suciedad,
y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por
eso desde
entonces, las águilas no ponen huevos en la época
en que
salen a volar los escarabajos.
Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues
no
hay ser tan débil que no pueda alcanzarte.
2.- LA ZORRA Y EL LEÑADOR
Una zorra estaba siendo perseguida por unos
cazadores
cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó
que la
escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a
su
cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le
preguntaron
al leñador si había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su
mano
disimuladamente señalaba la cabaña donde se había
escondido.
Los cazadores no comprendieron las señas de la mano
y se
confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.
La zorra al verlos marcharse, salió silenciosa, sin
decirle
nada al leñador.
El leñador le reprochó por qué a pesar de haberla
salvado,
no le daba las gracias, a lo que la zorra
respondió:
—Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca
hubieran dicho lo mismo.
No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus
palabras.
3.-
LAS RANAS PIDIENDO REY
Cansadas las ranas del propio desorden y
anarquía en que
vivían, mandaron una delegación a Zeus
para que les
enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió
un grueso leño a
su charca.
Espantadas las ranas por el ruido que
hizo el leño al caer,
se escondieron donde mejor pudieron. Por
fin, viendo que
el leño no se movía más, fueron saliendo
a la superficie y
dada la quietud que predominaba,
empezaron a sentir tan
grande desprecio por el nuevo rey, que
brincaban sobre él
y se le sentaban encima, burlándose sin
descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener
de monarca a un
simple madero, volvieron donde Zeus,
pidiéndole que les
cambiara al rey, pues éste era demasiado
tranquilo.
Indignado Zeus, les mandó una activa
serpiente de agua
que, una a una, las atrapó y devoró a
todas sin compasión.
A la hora de elegir los gobernantes, es
mejor escoger a uno
sencillo y honesto, en vez de a uno muy
emprendedor
pero malvado o corrupto.
4.- EL LEÓN Y EL MOSQUITO
VOLADOR
Un mosquito se acercó a un león y le dijo:
—No te temo, y además, no eres más fuerte que yo. Si
crees lo contrario, demuéstramelo.
¿Qué arañas con tus garras y muerdes con tus dientes?
¡Eso también lo hace una mujer defendiéndose de un
ladrón! Yo soy más fuerte que tú, y si quieres, ahora
mismo te desafío a combate.
Y haciendo sonar su zumbido, cayó el mosquito sobre el
león, picándole repetidamente alrededor de la nariz,
donde no tiene pelo.
El león empezó a arañarse con sus propias garras, hasta
que renunció al combate. El mosquito victorioso hizo
sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta
alegría, fue a enredarse en una tela de araña. Al tiempo
que era devorado por la araña, se lamentaba que él, que
luchaba contra los más poderosos venciéndolos, fuese a
perecer a manos de un insignificante animal, la araña.
No importa que tan grandes sean los éxitos en tu vida,
cuida siempre que la dicha por haber obtenido uno de
ellos, no lo arruine todo.
5.- EL LEÓN ENAMORADO DE LA HIJA
DEL LABRADOR
Se había enamorado un león de la hija de un labrador y la
pidió en matrimonio.
Y no podía el labrador decidirse a dar su hija a tan feroz
animal, ni negársela por el temor que le inspiraba.
Entonces ideó lo siguiente: como el león no dejaba de
insistirle, le dijo que le parecía digno para ser esposo de su
hija, pero que al menos debería cumplir con la siguiente
condición: que se arrancara los dientes y se cortara sus
uñas, porque eso era lo que atemorizaba a su hija.
El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba.
Una vez que el león cumplió lo solicitado, cuando volvió a
presentarse ya sin sus poderes, el labrador lleno de
desprecio por él, lo despidió sin piedad a golpes.
Nunca te fíes demasiado como para despojarte de tus
propias defensas, pues fácilmente serás vencido por los
que antes te respetaban.
6.- EL LEÓN Y LA LIEBRE
Sorprendió un león a una liebre que dormía
tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla,
vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por
perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no
esperando más, emprendió su huida.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo,
ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que
también había huido para ponerse a salvo.
Entonces se dijo el león:
—Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis
manos la dejé para ir tras la esperanza de obtener una
mayor.
Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando
busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya
tienes, hasta tanto no tengas realmente en tus manos el
mayor.
7.- EL LEÓN Y EL DELFÍN
Paseaba un león por una playa y vio a un delfín asomar su
cabeza fuera del agua.
Le propuso entonces una alianza:
—Nos conviene unirnos a ambos, siendo tú el rey de los
animales del mar y yo el de los terrestres —le dijo.
Aceptó gustoso el delfín. Y el león, quien desde hacía
tiempo se hallaba en guerra contra un loro salvaje, llamó
al delfín a que le ayudara. Intentó el delfín salir del agua,
mas no lo consiguió, por lo que el león lo acusó de traidor.
—¡No soy yo el culpable ni a quien debes acusar, sino a la
Naturaleza —respondió el delfín—, porque ella es quien
me hizo acuático y no me permite pasar a la tierra!
Cuando busques alianzas, fíjate que tus aliados estén en
verdad capacitados de unirte a ti en lo pactado.
8.- EL LEÓN, LA ZORRA Y EL LOBO
Cansado y viejo el rey león se quedó enfermo en su cueva,
y los demás animales, excepto la zorra, lo fueron a visitar.
Aprovechando la ocasión de la visita, acusó el lobo a la
zorra expresando lo siguiente:
—Ella no tiene por nuestra alteza ningún respeto, y por
eso ni siquiera se ha acercado a saludar o preguntar por su
salud.
En ese preciso instante llegó la zorra, justo a tiempo para
oír lo dicho por el lobo. Entonces el león, furioso al verla,
lanzó un feroz grito contra la zorra; pero ella, pidió la
palabra para justificarse, y dijo:
—Dime, de entre todas las visitas que aquí tenéis, ¿quién
te ha dado tan especial servicio como el que he hecho yo,
que busqué por todas partes médicos que con su sabiduría
te recetaran un remedio ideal para curarte, encontrándolo
por fin?
—¿Y cuál es ese remedio?, dímelo inmediatamente.
—Ordenó el león.
—Debes sacrificar a un lobo y ponerte su piel como abrigo
—respondió la zorra.
Inmediatamente el lobo fue condenado a muerte, y la
zorra, riéndose exclamó:
—Al patrón no hay que llevarlo hacia el rencor, sino hacia
la benevolencia.
Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en
caer en ellas.
9.- EL LEÓN Y EL RATÓN
Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó
a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y
rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le
pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle
cumplidamente llegado el momento oportuno. El león
echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la
selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó
por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león,
corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
—Días atrás — le dijo —, te burlaste de mí pensando que
nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es
bueno que sepas que los pequeños ratones somos
agradecidos y cumplidos.
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos.
Cuando llegue el momento las cumplirán.
10.- EL LEÓN, PROMETEO Y EL
ELEFANTE
No dejaba un león de quejarse ante Prometeo diciéndole:
—Tú me hiciste fuerte y hermoso, dotado de mandíbulas
con buenos colmillos y poderosas garras en las patas y soy
el más dominante de los animales. Sin embargo, le tengo
un gran temor al gallo.
—¿Por qué me acusas tan a la ligera? ¿No estás satisfecho
con todas las ventajas físicas que te he dado? Lo que
flaquea es tu espíritu. —Replicó Prometeo.
Siguió el león deplorando su situación, juzgándose de
pusilánime. Decidió entonces poner fin a su vida.
Se encontraba en esta situación cuando llegó el elefante, se
saludaron y comenzaron a charlar. Observó el león que el
elefante movía constantemente sus orejas, por lo que le
preguntó la causa.
—¿Ves ese minúsculo insecto que zumba a mi alrededor?
—respondió el elefante —, pues si logra ingresar dentro
de mi oído, estoy perdido.
Entonces se dijo el león: ¿No sería insensato dejarme
morir, siendo yo mucho más fuerte y poderoso que el
elefante, así como mucho más fuerte y poderoso es el gallo
con el mosquito?
Muchas veces, muy pequeñas molestias nos hacen olvidar
las grandezas que poseemos.
11.- EL LEÓN Y EL TORO
Pensando el león como capturar un toro muy corpulento,
decidió utilizar la astucia. Le dijo al toro que había
sacrificado un carnero y que lo invitaba a compartirlo. Su
plan era atacarlo cuando se hubiera echado junto a la
mesa.
Llegó al sitio el toro, pero viendo sólo grandes fuentes y
asadores y ni asomo de carnero, se largó sin decir una
palabra.
Le reclamó el león que por qué se marchaba así, pues nada
le había hecho.
— Sí que hay motivo —respondió el toro—, pues todos los
preparativos que has hecho no son para el cuerpo de un
carnero, sino para el de un toro.
Observa y analiza siempre con cuidado tu alrededor y así
estarás mejor protegido de los peligros.
12.- LOS LOBOS RECONCILIÁNDOSE
CON LOS PERROS
Llamaron los lobos a los perros y les dijeron:
—Oigan, siendo ustedes y nosotros tan semejantes, ¿por
qué no nos entendemos como hermanos, en vez de
pelearnos? Lo único que tenemos diferente es cómo
vivimos. Nosotros somos libres; en cambio ustedes
sumisos y sometidos en todo a los hombres: aguantan sus
golpes, soportan los collares y les guardan los rebaños.
Cuando sus amos comen, a ustedes sólo les dejan los
huesos. Les proponemos lo siguiente: dennos los rebaños
y los pondremos en común para hartarnos.
Creyeron los perros las palabras de los lobos traicionando
a sus amos, y los lobos, ingresando en los corrales, lo
primero que hicieron fue matar a los perros.
Nunca des la espalda o traiciones a quien verdaderamente
te brinda ayuda y confía en ti.
13.- EL LOBO Y EL CORDERO EN EL
ARROYO
Miraba un lobo a un cordero que bebía en un arroyo e
imaginó un simple pretexto a fin de devorarlo. Así, aun
estando él más arriba en el curso del arroyo, le acusó de
enturbiarle el agua, impidiéndole beber. Y le respondió el
cordero:
—Pero si sólo bebo con la punta de los labios, y además
estoy más abajo y por eso no te puedo enturbiar el agua
que tienes allá arriba.
Viéndose el lobo descubierto, insistió: — El año pasado
injuriaste a mis padres.
—¡Pero en ese entonces ni siquiera había nacido yo!
—contestó el cordero.
Dijo entonces el lobo:
—Ya veo que te justificas muy bien, mas no por eso te
dejaré ir; serás mi cena.
Para quien hacer el mal es su profesión, de nada valen
argumentos para no hacerlo. No te acerques nunca donde
los malvados.
14.- EL LOBO Y EL PASTOR
Acompañaba un lobo a un rebaño de ovejas pero sin
hacerles daño. Al principio el pastor lo observaba y tenía
cuidado de él como un enemigo. Pero como el lobo le
seguía y en ningún momento intentó robo alguno, llegó a
pensar el pastor que más bien tenía un guardián de aliado.
Cierto día, teniendo el pastor necesidad de ir al pueblo,
dejó sus ovejas confiadamente junto al lobo y se marchó.
El lobo, al ver llegado el momento oportuno, se lanzó
sobre el rebaño y devoró casi todo.
Cuando regresó el pastor y vio todo lo sucedido exclamó:
—Bien merecido lo tengo; porque ¿De dónde saqué
confiar las ovejas a un lobo?
Nunca dejes tus valores al alcance de los codiciosos, no
importa su inocente apariencia.
15.- EL LOBO HARTO Y LA OVEJA
Un lobo hartado de comida y sin hambre, vio a una oveja
tendida en el suelo. Dándose cuenta que se había
desplomado simplemente de terror, se le acercó, y
tranquilizándola le prometió dejarla ir si le decía tres
verdades.
Le dijo entonces la oveja que la primera es que preferiría
no haberle encontrado; la segunda, que como ya lo
encontró, hubiera querido encontrarlo ciego; y por tercera
verdad le dijo:
—¡Ojalá, todos los lobos malvados murieran de mala
muerte, ya que, sin haber recibido mal alguno de nosotras,
nos dan una guerra cruel!
Reconoció el lobo la realidad de aquellas verdades y dejó
marchar a la oveja.
Camina siempre soportado en la verdad y ella te abrirá los
caminos del éxito, aún entre adversarios.
16.- EL LOBO Y EL PERRO DORMIDO
Dormía plácidamente un perro en el portal de una casa.
Un lobo se abalanzó sobre él, dispuesto a darse un
banquete, cuando en eso el perro le rogó que no lo
sacrificara todavía.
—Mírame, ahora estoy en los huesos —le dijo—; espera
un poco de tiempo, ya que mis amos pronto van a celebrar
sus bodas y como yo también me daré mis buenos
atracones, engordaré y de seguro seré un mucho mejor
manjar para tu gusto.
Le creyó el lobo y se marchó. Al cabo de algún tiempo
volvió. Pero esta vez encontró al perro durmiendo en una
pieza elevada de la casa. Se detuvo al frente y le recordó al
perro lo que habían convenido. Entonces el perro repuso:
—¡Ah lobo, si otro día de nuevo me ves dormir en el
portal de la casa, no te preocupes por esperar las bodas!
Si una acción te lleva a caer en un peligro, y luego te
logras salvar de él, recuerda cual fue esa acción y evita
repetirla para no volver a ser su víctima.
17.- EL PERRO Y EL COCINERO
Preparó un hombre una cena en honor de uno de sus
amigos y de sus familiares. Y su perro invitó también a
otro perro amigo.
—Ven a cenar a mi casa conmigo —le dijo.
Y llegó el perro invitado lleno de alegría. Se detuvo a
contemplar el gran festín, diciéndose a sí mismo:
—¡Qué suerte tan inesperada! Tendré comida para
hartarme y no pasaré hambre por varios días.
Estando en estos pensamientos, meneaba el rabo como
gran viejo amigo de confianza. Pero al verlo el cocinero
moviéndose alegremente de allá para acá, lo cogió de las
patas y sin pensarlo más, lo arrojó por la ventana.
El perro se volvió lanzando grandes alaridos, y
encontrándose en el camino con otros perros, estos le
preguntaron:
— ¿Cuánto has comido en la fiesta, amigo?
—De tanto beber, —contestó— tanto me he embriagado,
que ya ni siquiera sé por dónde he salido.
No te confíes de la generosidad que otros prodigan con lo
que no les pertenece.
18.- EL CIERVO, EL MANANTIAL Y
EL LEÓN
Agobiado por la sed, llegó un ciervo a un manantial.
Después de beber, vio su reflejo en el agua. Al contemplar
su hermosa cornamenta, sintióse orgulloso, pero quedó
descontento por sus piernas débiles y finas. Sumido aún
en estos pensamientos, apareció un león que comenzó a
perseguirle. Echó a correr y le ganó una gran distancia,
pues la fuerza de los ciervos está en sus piernas y la del
león en su corazón.
Mientras el campo fue llano, el ciervo guardó la distancia
que le salvaba; pero al entrar en el bosque sus cuernos se
engancharon a las ramas y, no pudiendo escapar, fue
atrapado por el león.
A punto de morir, exclamó para sí mismo:
— ¡Desdichado soy! Mis pies, que pensaba que me
traicionaban, eran los que me salvaban, y mis cuernos, en
los que ponía toda mi confianza, son los que me pierden.
Muchas veces, a quienes creemos más indiferentes, son
quienes nos dan la mano en las congojas, mientras que los
que nos adulan, ni siquiera se asoman.
19.- EL CABALLO, EL BUEY, EL
PERRO Y EL HOMBRE
Cuando Zeus creó al hombre, le concedió unos pocos años
de vida. Pero el hombre, poniendo a funcionar su
inteligencia, al llegar el invierno edificó una casa y habitó
en ella.
Cierto día en que el frío era muy crudo, y la lluvia
empezó a caer, no pudiendo el caballo aguantarse más,
llegó corriendo a donde el hombre y le pidió que le diera
abrigo. Le dijo el hombre que sólo lo haría con una
condición: que le cediera una parte de los años que le
correspondían. El caballo aceptó.
Poco después se presentó el buey que tampoco podía
sufrir el mal tiempo. Le contestó el hombre lo mismo: que
lo admitiría si le daba cierto número de sus años. El buey
cedió una parte y quedó admitido.
Por fin, llegó el perro, muriéndose de frío, y cediendo una
parte de su tiempo de vida, obtuvo su refugio.
Y he aquí el resultado: cuando los hombres cumplen el
tiempo que Zeus les dio, son puros y buenos; cuando
llegan a los años pedidos al caballo, son intrépidos y
orgullosos; cuando están en los del buey, se dedican a
mandar; y cuando llegan a usar el tiempo del perro, al
final de su existencia, se vuelven irascibles y
malhumorados.
Describe esta fábula las etapas del hombre: inocente niñez,
vigorosa juventud, poderosa madurez y sensible vejez.
20.- EL CABALLO Y EL ASNO
Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día que ambos
iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose cansado, le
dijo al caballo:
— Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó
víctima de la fatiga y murió allí mismo. Entonces el dueño
echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del
asno.
Y el caballo, suspirando dijo:
—¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar
con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y
hasta con la piel del asno encima!
Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu
prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en
ese momento, en realidad te estás perjudicando a ti
mismo.
21.- LAS CABRAS MONTESES Y EL
CABRERO
Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que
las acompañaban unas cabras monteses. Llegada la noche,
llevó a todas a su gruta.
A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no
pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro.
Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un
puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más,
con el propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el
mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras
monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de
ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido
tan bien; mas ellas le respondieron:
—Mayor razón para desconfiar de ti, porque si a nosotras
recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y
leales esclavas, significa esto que si luego vinieran otras
cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.
Nunca confíes en quien pretende tu nueva amistad a
cambio de abandonar a las que ya tenía.
22.- LA VÍBORA Y LA CULEBRA DE
AGUA
Una víbora acostumbraba a beber agua de un manantial, y
una culebra de agua que habitaba en él trataba de
impedirlo, indignada porque la víbora, no contenta de
reinar en su campo, también llegase a molestar su
dominio.
A tanto llegó el enojo que convinieron en librar un
combate: la que consiguiera la victoria entraría en
posesión de todo.
Fijaron el día, y las ranas, que no querían a la culebra,
fueron donde la víbora, excitándola y prometiéndole que
la ayudarían.
Empezó el combate, y las ranas, no pudiendo hacer otra
cosa, sólo lanzaban gritos.
Ganó la víbora y llenó de reproches a las ranas, pues en
vez de ayudarle en la lucha, no habían hecho más que dar
gritos. Respondieron las ranas:
—Pero compañera, nuestra ayuda no está en nuestros
brazos, sino en las voces.
En la lucha diaria tan importante es el estímulo como la
acción.
23.- EL RATÓN CAMPESINO Y EL
RATÓN CORTESANO
Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte. Un
día lo invitó a que fuese a comer a la campiña. Mas como
sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le
dijo:
—¿Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga? En
cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a
tu disposición los tendrás.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano
a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel.
Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de
todo corazón y renegaba de su mala suerte. Dispuestos ya
a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta.
Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron
temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos
secos, pero otra persona incursionó en el lugar, y al verla,
los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija
para esconderse. Entonces el ratón de los campos,
olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón
cortesano:
—Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás
muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y
constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo
mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni
temores hacia nadie.
Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y
ventajas que siempre van unidos a congojas y zozobras, o
vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.
24.- EL ASNO Y LA PERRITA
FALDERA
Un granjero fue un día a sus establos a revisar sus bestias
de carga: entre ellas se encontraba su asno favorito, el cual
siempre estaba bien alimentado y era quien cargaba a su
amo.
Junto con el granjero venía también su perrita faldera, la
cual bailaba a su alrededor, lamía su mano y saltaba
alegremente lo mejor que podía. El granjero revisó su
bolso y dio a su perrita un delicioso bocado, y se sentó a
dar órdenes a sus empleados. La perrita entonces saltó al
regazo de su amo y se quedó ahí, parpadeando sus ojos
mientras el amo le acariciaba sus orejas.
El asno celoso de ver aquello, se soltó de su jáquima y
comenzó a pararse en dos patas tratando de imitar el baile
de la perrita. El amo no podía aguantar la risa, y el asno
arrimándose a él, puso sus patas sobre los hombros del
granjero intentando subirse a su regazo.
Los empleados del granjero corrieron inmediata—mente
con palos y horcas, enseñándole al asno que las toscas
actuaciones no son cosa de broma.
No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan
los injustificados celos. Sepamos apreciar los valores de
los demás.
25.- LAS LIEBRES Y LAS RANAS
Se reunieron un día las liebres y se lamentaban entre sí de
llevar una vida tan precaria y temerosa, pues, en efecto,
¿No eran víctimas de los hombres, de los perros, de las
águilas, y otros muchos animales? ¡Más valía morir de una
vez que vivir en el terror!
Tomada esta resolución, se lanzaron todas al mismo
tiempo a un estanque para morir en él ahogadas.
Pero las ranas, que estaban sentadas alrededor del
estanque, en cuanto oyeron el ruido de su carrera, saltaron
asustadas al agua. Entonces una de las liebres, la que
parecía más inteligente que las demás, dijo:
—¡Alto compañeras! ¡No hay que apurarse tanto, pues ya
veis que aún hay otros más miedosos que nosotras!
El consuelo de los desgraciados es encontrar y ver a otros
en peores condiciones.